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Promoción de la Igualdad de Género

Saliendo de la caverna: Mi yo interior

¿Vivimos en un mundo oscuro y en penumbra donde las personas han normalizado ciertas conductas y comportamientos que son perjudiciales para el propio ser humano? Si nos fijamos en los entramados sociales actuales y en las formas que tienen de relacionarse los seres humanos podemos llegar a la conclusión que numerosas conductas y formas de actuar son tóxicas para la propia humanidad.

¿Si un comportamiento o una conducta se ha consolidado a lo largo de los siglos significa que es correcta o beneficiosa? Claramente no lo es, ya que por mucho que se repita una actitud negativa no la hace ni cierta ni positiva; es como el dicho “no por repetir muchas veces una mentira se convierte en verdad”.

Cuando aplicamos estas preguntas reflexivas a la educación en valores y a la igualdad de género surge un mito similar al “mito de la caverna” de Platón. ¿Lo que vemos y vivimos dentro de la caverna son sombras o es la realidad? Considero que lo que vivimos dentro de la caverna, con respecto a las relaciones sociales, está fundamentado en unos principios patriarcales y machistas basados en la supremacía del “macho alpha” y en la opresión de la mujer.

Con el término “macho alpha” me refiero al hombre que se siente superior a todo ser viviente, quedando excluidos personas minusválidas, homosexuales, travestis y mujeres en general.A este macho de “pelo en pecho” le han educado para ser el dueño de la jungla, esto significa que puede hacer y deshacer sin tener en cuenta el bienestar y los sentimientos de los demás seres vivos. Si tiene que pisar cabezas y más cabezas para lograr sus fines no dudará en hacerlo. Según la sociedad actual y la historia que antecede dentro de la caverna, este tipo de “hombre” es el que toda mujer le gustaría tener. Un hombre machote, trabajador, que lleve la comida a casa, que las defienda de otros depredadores, que les diga lo que tienen que hacer en todo momento, que se siente a ver la tele mientras su querida mujer le prepara con cariño la comida, que las quiera hasta los extremos más insospechados… El “hombre” que todas y todos querríamos tener en casa.

Una vez llevado a cabo este sarcasmo sobre el “hombre” que toda mujer quisiera tener en su vida, propongo que abramos los ojos, que intentemos salir de la caverna y descubramos nuestro propio yo interior feminista. Ese yo interior no tiene género, no tiene forma, no tiene complejos, no depende de los demás para alcanzar la felicidad; es autónomo, pretende la igualdad entre todas las personas y es capaz de proporcionarse todo lo necesario para llegar a la plenitud. Algunos autores nos hablan de este yo interior en sus relatos, González (2013) lo buscó y reflexionó sobre él “te busqué desde que tuve conciencia que existías, te busqué por mar, tierra y no te encontré, un día me di cuenta de que estabas dentro de mí y desde entonces vivo con plenitud”.

A continuación vamos a subrayar unos comportamientos y unas actitudes de dominación del hombre hacia la mujer presentes en el mundo de “la caverna”, frente a los de igualdad alcanzados cuando identificamos nuestro “yo interior” con el feminismo:

Comportamientos y actitudes de dominación (caverna basada en el control) Comportamientos y actitudes igualitarias (yo interior feminista)
 Amenazas Negociación justa
Intimidación Conducta no amenazante
Abuso emocional Respeto
Aislamiento Confianza y apoyo
Desvalorizar, negar y culpar Honestidad y responsabilidad
Manipulación de los hij@s Asumir la responsabilidad
Abuso económico Economía compartida
Privilegio masculino Responsabilidad compartida

Adaptado de perspectivas psicológicas de la violencia de género (Andrés, Gaspar y Jimeno, 2011).

Como podemos observar los comportamientos y actitudes de dominación convierten al hombre en un “faraón”, el cual está por encima de lo bueno y lo malo y posee el poder de decisión sobre todas las personas que considera que no están a su mismo nivel; mientras que la mujer es sometida a sus órdenes y deseos sin tener el derecho a cuestionar lo más mínimo.

Por otro lado, los comportamientos y las actitudes igualitarias permiten a la mujer un avance hacia la autodecisión sin depender de lo que le imponga el hombre. Esto contribuye a que los derechos y los deberes de las mujeres comiencen a ponerse al mismo nivel que los de los hombres. Aunque es cierto que queda mucho camino por recorrer, ya que en la actualidad sigue existiendo la trata y prostitución de la mujer o la mutilación genital femenina entre otras aberraciones que eliminan el derecho a la libertad de las mujeres.

Teniendo en cuenta este planteamiento, no podemos permitir que la sociedad siga educando con unos principios machistas y sexistas que nos involucran en un círculo vicioso donde la violencia machista es justificada y aceptada como un mal que aparentemente no se puede erradicar. Además, las personas que estamos intentando “despertar de esta pesadilla” tenemos una visión condicionada y nos cuesta muchísimo concienciarnos y actuar.Es el momento de buscar nuestro “yo interior” y enseñarle que el feminismo es la vía acertada por la que debemos caminar y que la coeducación en valores es la herramienta necesaria para comenzar a contrarrestar los esquemas patriarcales.

¡¡¡¡Busca el feminismo en tu yo interior!!!! Te ayudará a comprender un poco mejor el sentido de la vida y la importancia de no maltratar a las demás personas para el bienestar propio. “Ama a tu prójim@ como a ti mismo@” (adaptado de Mateo 22, 39).

Referencias bibliográficas:

  • Andrés, S., Gaspar, A. y Jimeno, A. (2011). Perspectivas psicológicas de la violencia de género. Abril.
  • González, R. (2013). Nuestro maestro interior. Escuela española de desarrollo transpersonal. Agosto.
  • Santa Biblia. Versión Reina Valera 1960. Evangelio según San Mateo. Capítulo 22, versículo 39.

Manuel Benítez Sánchez
Diplomado en Educación Primaria y Especialista en Igualdad de Género
Profesor del CES D. Manuel Segura Morales

 

1 respuesta a «Saliendo de la caverna: Mi yo interior»

No todos los hombres son iguales. En este comentario se generaliza el hombre dominante. QUiza la clave esta en la educación correcta de los niños desde pequeños, pero no la critica hacia conductas equivocadas pero que no son generalizadas. Algunos son abusivos, algunos son dominantes, algunos son golpeadores, algunos son intimidantes, algunos … pero no todos.

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