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Releyendo los orígenes

Para poder comprender nuestro entorno y actuar sobre él es muy importante conocer nuestro pasado. Es básico saber descifrar como muchos aspectos culturales y pensamientos de nuestros orígenes nutren a la sociedad actual. Y la Grecia Clásica es fundamental para entender nuestra sociedad. En Concreto queremos centrarnos en dos prohombres cuya sabiduría sigue vigente y  da forma a amplios sectores de la intervención social en la actualidad.

A nivel científico y metodológico el paso trascendental lo da Hipócrates, el padre fundador de la medicina, que dejó de tratar las enfermedades y discapacidades como impurezas y pasó a definirlas como afecciones del orden biofísico. Este hecho permitió el poder tratarlas de forma empírica y establecer métodos.

A un nivel aún más amplio podríamos catalogar a la filosofía como madre de todas las ciencias. Es frecuente que encontremos conceptos y perspectivas provenientes del pensamiento filosófico en las teorías científicas. Y en concreto para la intervención en los servicios a la comunidad, cobra especial importancia el pensamiento de Sócrates.

Es habitual cuando se interviene a nivel individual o grupal tender a dar indicaciones o consejos desde nuestra propia óptica. La inquietud  por querer ayudar nos conduce a tratar de dar la solución al problema sin indagar lo suficiente sobre lo que podría aportar la parte afectada.

Hablemos de una problemática social de nuestro tiempo: el desempleo. Perder el trabajo es una situación delicada. A nivel psicosocial, la persona puede sufrir lo que se conoce como síndrome de invisibilidad, ya que el individuo se siente inadaptado en el sistema socioeconómico. El individuo percibe que no es parte del sistema social y que éste lo rechaza. Además los niños son víctimas también de esta situación. Según una investigación de la Universidad de Zaragoza, los hijos de padres y madres en desempleo son más propensos a sufrir depresión, concretamente tienen un 56% de probabilidades de desarrollar trastornos como ansiedad o depresión. Igualmente los niños en familias con una red social de apoyo escasa y familias inmigrantes pueden desarrollar patologías de tipo psicosocial como estrés, depresión o ansiedad.

Ante esta situación perfectamente podríamos hacer uso de la filosofía del Siglo IV a. C. recurriendo al popular lema que presidía el templo de Apolo en Delfos “conócete a ti mismo” y al método socrático.

Trasladándolo a día de hoy nuestra intervención podría comenzar haciendo reflexionar a nuestro interlocutor a partir de: “quién eres y qué quieres”. Esto parece una pregunta simple, pero no lo es tanto. Le haríamos averiguar cuáles son sus fortalezas y cuáles son sus debilidades. Al saber quién es y haber conseguido averiguar sus motivaciones, entonces el usuario ya podría buscar trabajos y formación  que encajasen con su perfil de competencias.

El diálogo socrático cobra aquí protagonismo. Una estrategia basada en la mayéutica que a día de hoy se sigue utilizando en psicología y en técnicas más modernas como el Coaching. Las respuestas a los problemas saldrán del propio sujeto porque quién mejor se conoce es uno mismo. Quién interviene va realizando diferentes preguntas con el objetivo de hacer reflexionar al sujeto y encontrar su propia respuesta a lo planteado. El  esquema sigue unos elementos básicos de diálogo: la pregunta, la respuesta, el debate y la conclusión.

Quien realiza la intervención no tiene una respuesta preconcebida, no actúa con una varita mágica para solucionar los problemas. Sirve de apoyo, puede dar más puntos de vista, puede orientar en recursos y herramientas concretos, pero el sujeto se convierte en arquitecto de su propio destino al “parir” sus propias decisiones.

De esta forma adquiere gran relevancia la toma de decisiones y la responsabilidad, tomando protagonismo y valorando su esfuerzo quien quiere cambiar o mejorar su situación.

Desde la óptica actual de la Terapia Gestalt, explicaba Fritz Perls en una conferencia: “dentro del proceso de crecimiento la palabra clave es la responsabilidad. Responsabilidad significa la capacidad de responder, y con frecuencia se tuerce, llamándola obligación. Una obligación es un acto que uno emprende presionado por una persona que se sitúa por encima. Y a cualquier obligación generalmente la acompaña resentimiento. Responsabilidad significa que soy sensible, soy capaz de responder. […] sólo puedo ser responsable de mis decisiones. Por supuesto que hay mucha gente que le encanta la dependencia y quiere encajarle la responsabilidad a alguien más. […] Así, si tú me dices que debo hacer, tú eres el responsable. Yo te puedo culpar si algo sale mal.

Tal como escribía Zubiri en 1975 “más bien somos nosotros los griegos”. El pensamiento griego constituye un elemento formal de posibilidades de lo que hoy somos. Así pues tratemos de ser humildes en nuestra intervención y si lo vemos oportuno partamos del lema de Delfos para generar empoderamiento allí donde haga falta.

Luis María Sendra Arellano
Licenciado en Humanidades y Diplomado en Educación Social
Profesor del CES D. Manuel Segura Morales

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