RELATO| Lenguas Nocivas

En Vetusta, esa ciudad, donde hay demasiada hacienda,

donde hay demasiado ocio, donde hay demasiadas lenguas,

reside doña Ana Ozores, a quien llaman “La Regenta”,

joven dama distinguida, hermosa, al par que discreta,

casada con un señor de mucha edad y solvencia.

Avecilla en jaula de oro que más que vivir, alienta,

sin hijos que la ilusionen, sin padres que la protejan,

sin leales servidoras, sin amistades sinceras,

sin marido sensato que sus deseos entienda

pues don Víctor Quintanar, atento a cosas ajenas,

vive pensando en la caza y en múltiples bagatelas

mientras su mujer acusa de amor y atención la ausencia

y se duerme cada noche abrazada a las estrellas…

Por su virtud, atractiva, y atrayente por sus prendas

siempre anda de boca en boca por la envidia que despierta:

“Que si no sale de casa”, “que si largo se confiesa…”

ES una víctima inerme del desamor que allí reina,

una vida que no encaja entre gentes inauténticas

que buscan tres pies al gato enredando la madeja

en un terreno propicio para la maledicencia.

La presienten vulnerable, frágil y sin fortaleza.

Visitación -falsa amiga- con maña y con desvergüenza,

por todos medios procura que Ana en los brazos se vea

de don Álvaro Mesía, hombre de gran experiencia

tan huero como gastado, petimetre a ciencia cierta,

seductor local con garra, con prestancia y con presencia

que harto en lograr amoríos pone cerco a la Regenta.

Actúa con picardía pues Ana es valiosa pieza

y difícil de añadir a su colección de féminas.

Ana, selecta y devota, singular, hiperestésica,

torturada por no escasos escrúpulos de conciencia,

abre su alma y se confía -en confesiones diversas-

al flamante Magistral de la Seo con prebendas

don Fermín de Pas, ingente figura de aquella Iglesia,

al que vocación le falta y al que le sobra carrera,

sabio de la Catedral con ambición manifiesta,

fiel hijo de doña Paula, arribista y usurera

que tiene puesta en el hijo la razón de su existencia

y que en el hijo ha cifrado sus anhelos de grandeza.

Desgraciado y reprimido por la sotana que lleva,

de su estado prisionero obra de forma indirecta

y sella más su fracaso (enamorado en potencia)

como persona, como hombre, como alto cargo de la Iglesia.

Desmoronado y celoso, dirige toda su fuerza

a lograr la espiritual sumisión de la Regenta;

puritanas aprensiones fomenta y cultiva en ella

y exacerba misticismos que cerca de él la mantengan.

Y la Regenta en alarde de una piedad sensiblera,

desfila en la Procesión, descalza y de Nazarena.

El Casino de Vetusta -de farsantes madriguera-

¡qué trabajo a la sin hueso da con tan sabroso tema!

Ana Ozores reflexiona, de su actitud se avergüenza

y harta de tantas presiones -de melancolía enferma-

necesita nuevos aires y el campo la recomiendan.

II

Es el vivero una quinta, de los Marqueses hacienda,

a donde van invitados Ana y Victor (y otras hierbass).

Mientras Ana se repone, Mesía calla y acecha…

Con parsimonia y astucia, con tesón y con paciencia

-galante cual solapado- a conquistarla se apresta.

Vetusta, de largos ocios, tiene más larga la lengua

y así este drama local que la gente condimenta

con todos los ingredientes para que mucho suceda,

toma el camino seguro, inmenso, de la tragedia.

Anita, feliz y libre de eclesiástica influencia,

fruta madura en exceso, cae del árbol deshecha…

¡Contenta estarás, Vetusta! ¡¡Ya ha caído La Regenta!!

Don Víctor, que está en la inopia, por una argucia se entera;

tiene un duelo con Mesía y perece en tal empresa.

III

Ana queda viuda y sola, humillada, rota, quieta…

mientras que “sus amistades” a su casa no se acercan,

(incluido el Magistral que hasta confesión le niega).

Sólo Frígilis la ayuda sobrellevar sus penas

-que fue amigo de don Víctor y ama la Naturaleza-

ser bueno que vive al margen de esa sociedad infecta…

Y entre tanto el cielo pintan aves libres que alto vuelan…

CONCLUSIÓN

Al haber pasado un siglo

han cambiado las maneras

aunque “el que no tiene, ayuna”

y “al que se muere, le entierran”.

Pero hoy día la mujer

dispone de más defensas

por la cultura, el trabajo,

la actividad o las letras,

la libertad interior

y la amistad verdadera.

¡Descansa en paz, Ana Ozores, que Dios siempre fue su meta

y servirán de atenuante tus circunstancias adversas.

Y pues que Dios te perdona y es Él quien te pide cuentas,

en la Ciudad de Vetusta, hipócrita, y farisea

no existe quien a Ana Ozores, pueda tirarle una piedra…

2º Premio Certamen Literario Enseñar a Convivir
“Lenguas Nocivas” temática Igualdad de Género
Eumelia Sanz Vaca, de Valladolid

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