RELATO| La metáfora del maestro

Me han dicho que usted es un especialista en metáforas Maestro. Pues verá usted, en esta escuela las cosas son un poquitillo diferentes. Aquí el buen profesor es como un buen arquitecto que no construye, pero que adiestra, orienta, estimula y supervisa a los alumnos para que sean ellos quienes diseñen y ejecuten la obra.

Todos nosotros, la planta docente, aceptamos que el verbo educar no es un verbo transitivo en el que el sujeto que ejecuta la acción es el Maestro y el complemento directo que la recibe es el alumno, sino un verbo reflexivo en el que el estudiante se forma a sí mismo, con la guía, asesoría y respaldo eso sí del catedrático. Estamos convencidos de que el educando es el protagonista principal del proceso y que es el aprendizaje el que activa la enseñanza y no viceversa.

Sabemos bien que nadie aprende nada que no quiera aprender. Su misión sería motivarlos y apoyarlos para que sean ellos los arquitectos de un mañana que usted no podría siquiera imaginar. Ellos son los que deben proyectar la obra, decidir sobre la fortaleza de las columnas, seleccionar los materiales y diseñar el inmueble. Su encomienda Maestro sería apoyarlos, apuntalarlos, aconsejarlos y aportar su experiencia y conocimientos para que sus decisiones estén debidamente fundamentadas, para que caminen con seguridad creciente en los andamios; para que los pisos, los techos, los muros, las cúpulas, las torres, los terminados, formen una solución integral y armónica en ese palacio que habrán de inventar y que será para usted desconocido.

Deberá orientarlos en el cómo, pero serán ellos los que definan el qué. Ellos habrán de seleccionar entre las opciones. El conocimiento preciso de las propiedades del cemento, la arcilla, el barro, el ladrillo y el adobe será sin duda indispensable en la construcción sólida de la obra, pero la edificación en sí debe ser con exclusividad de ellos. Su cometido concluirá satisfactoriamente una vez que los estudiantes ya no lo necesiten para actuar con fundamento e inteligencia al ejercer, sin intromisión alguna, su plena libertad de ser y de construir.

En este colegio Maestro no formamos empleados, espectadores ni inquilinos, aquí apoyamos la formación de emprendedores, actores y constructores. Por cierto, los alumnos asisten a las clases cuando quieren y permanecen el tiempo que ellos decidan sin que medie sanción alguna. Lo cual no deja de ser muy positivo también porque ya no es necesario perder tiempo pasando lista.

Debo confesarle que nos preocupan más los cimientos y la estructura que las fachadas y los acabados. Debo también aclararle que uno de las directrices de nuestro sistema establece que los profesores hablan poco, son los escolares los que hablan mucho. ¡Ah! Y los estudiantes no le dicen Maestro ni le hablan de usted, sino que le llaman por su primer nombre y le dan del tú. Cómo le había dicho, esta escuela es un poquitillo diferente. Pero lo veo un poquito apesadumbrado, preocupado y boquiabierto Maestro. ¿Será usted capaz de asumir esta responsabilidad?

ENSEÑAR A CONVIVIR 2018 3º Premio
“La metáfora del Maestro”
Aureliano Murrieta

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