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Integración Social

La importancia social de la didáctica en la enseñanza de la historia del exilio

El papel del profesor, y especialmente el del historiador, es clave en la sociedad actual en tanto que se encarga de formar, educar y transmitir valores y conocimientos a los niños, adolescentes y adultos para introducirlos en las demandas que, como ciudadanos, reclama el mundo democrático actual al que pertenecen.

En palabras de Francisco Javier Capistegui,el historiador debe formar parte de la realidad, tiene que asumir sus limitaciones y las de la verdad histórica y, educar terapéuticamente a la sociedad.

Uno de los retos más demandados para el educador en el sistema de la enseñanza-aprendizaje es el empleo de recursos didácticos. Es decir, sobrepasar el conservadurismo pedagógico que ha caracterizado durante tantos años a la enseñanza, hacia una orientación dinámica y activa que implique al alumnado como protagonista para crear y desarrollar su pensamiento crítico.

Por tanto, el profesor debe aplicar recursos didácticos como los tan innovadores, ABP (aprendizaje basado en problemas), flipped clasroom (clase invertida) o gamificación, entre otros. Son recursos que permiten inculcar el aparataje teórico-cognitivo de la asignatura y trasladarlo a su caso práctico. El principal objetivo es que el alumno no contemple la enseñanza de forma reiterativa ni aburrida, sino que sea atractiva y disfrute de ella. Asimismo, que los alumnos aprendan valores como la cooperación y el respeto mediante trabajos en equipo, la responsabilidad, creatividad y autonomía en trabajos individuales y, sobre todo, aprender a razonar y desplegar el pensamiento crítico. Estos valores son pilares básicos para el desarrollo del alumno como adulto en la actual sociedad democrática.

La aplicación de estos recursos es muy importante para enseñar historia, una asignatura, a la que la mayoría de los alumnos estigmatizan como aburrida y monótona. ¿Cuál podría ser el principal problema? La historia ha venido siendo usada y abusada por parte del Estado-nación y de las altas esferas del sistema político desde el siglo XIX, persiguiendo como principal objetivo el de inculcar, a través de la figura del profesor, una serie de valores insertos en la idea de “patriotismo y nacionalismo”; para ello, empleaban héroes y mitos. Esta consideración está muy bien planteada por Juan Sisinio Pérez Garzón y Francisco Javier Capístegui en sus artículos “Usos y Abusos de la Historia” y “Más allá de su oficio, el historiador en sociedad” respectivamente. Bien es cierto, que la historia que implantó la escuela de Annales, a principios del Siglo XX, dio un giro a la historia, trascendiendo su contenido narrativo, para dar importancia a la economía, sociología, antropología y geografía. Se cambió el contenido, pero no lo que hay detrás de él. Los currículos que actualmente imparte el profesorado se orientan desde el Estado con unas bases muy bien marcadas y delimitadas. Por tanto, el reto de los actuales y, futuros profesores, es el de cambiar la forma de la historia, con el uso de nuevos enfoques metodológicos para hacerla más atractiva, amena e interesante para los alumnos.

La historia es cíclica, nos permite conocer nuestro pasado, para actuar en nuestro presente y futuro. Es decir, la historia nos permite estudiar los aciertos y errores para aprender de ellos y, así, crear un mundo y una sociedad mejor.

Un caso concreto que tiene aquí cabida, por ser especialista en el tema, es el Exilio Republicano, en concreto en Orán (Argelia). Antes de mostrar esta relación de la historia del pasado y del presente, realizaré un pequeño apunte de contextualización y de terminología.

El “exilio” se define como el desplazamiento de personas desde un lugar de origen hacia otro de destino por motivos políticos. El exilio, no permite el retorno al lugar de origen, a no ser que se haya cambiado el régimen político imperante.

“Republicano” es un término que se utilizó para designar a aquellas personas de ideología política de izquierdas en la España contemporánea, para diferenciarlas de las personas de ideología de la derecha. Con la Guerra Civil y la victoria del General Francisco Franco en el año 1939, se ve claramente el prisma de esta división. La victoria de Francisco Franco supuso instaurar en España una dictadura que abarcó desde 1939 a 1975. La dictadura produjo en España millones de desplazamientos hacia otros países como Francia, México, Argelia y la URSS, en menor medida. Millones de personas se vieron obligadas a iniciar el exilio para evitar ser perseguidos, encarcelados y fusilados. Asimismo, tuvieron que cambiar toda su vida y, adaptarse a una nueva, con todos los problemas psicológicos y físicos que conllevaron. Algunos vivieron en mejores situaciones debido a su trayectoria profesional en España, pero otros, fueron encarcelados en campos de concentración y sometidos a duras condiciones, principalmente en Francia y Argelia. Finalmente, únicamente algunos pudieron regresar a España.

Esta coyuntura histórica se vuelve a repetir en nuestra historia actual, el caso de Siria es un buen ejemplo, con la Guerra que comenzó en 2011. Bien es cierto, que las condiciones de estos exiliados han sido mejores que la de los exiliados del siglo XX, por el contexto histórico-político actual y las ayudas que están prestando los distintos países democráticos.

Sin embargo, no hay que confundir exilio con migración. En el siglo XIX se produjeron oleadas migratorias por motivos económicos y, es aquí, donde recae la diferencia. El emigrado no huye por motivos políticos, sino para buscar mejores condiciones de vida y, a diferencia del exiliado, el emigrado puede regresar a su lugar de origen cuando haya mejorado su situación. Actualmente, estamos viviendo este mismo suceso en nuestro país.

Como hemos podido observar, la historia se vuelve a repetir, pero con soluciones cada vez más satisfactorias. Por ello, el profesor, como pedagogo, tiene una tarea ardua e importante en la sociedad, puesto que tiene que enseñar, transmitir y, proponer soluciones a sus alumnos para la historia. La forma más eficaz es usar herramientas metodológicas, como es la didáctica, para crear la atracción, la motivación el interés y, desarrollar el pensamiento crítico en el alumnado.

Cristina Cazorla Herrero
Graduada en Historia por la Universidad de Almería y doctoranda en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid.

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